unidad ciudadana
                    

Heladeras cada vez más vacías

El poder adquisitivo de los argentinos viene sufriendo un fuerte deterioro por distintas decisiones del Gobierno Nacional, que además de desordenarnos la vida, afectó nuestra posibilidad de acceder a bienes de primera necesidad.


Los funcionarios pueden inventar sin pudor una realidad que en los hechos no se puede constatar, pero la realidad que nos encontramos cuando vamos al supermercado, cuando abrimos nuestras heladeras o cuando revisamos cuánto dinero nos queda a mitad de mes, ese relato se cae a pedazos. 

Aunque desde el Poder Ejecutivo se jacten de que se está creando empleo, conflictos como el de Pepsico, Cresta Roja, Adidas y Atucha se reproducen a diario en todo el país. Lo que está creciendo en esta Argentina es el desempleo. Cuando ello ocurre, no sólo hay miles de familias que empiezan a tener dificultades para subsistir, sino que se afecta el círculo virtuoso de la economía porque dejan de consumir. Cuando los comercios ven sus ingresos reducidos, ajustan en la cantidad de empleos, profundizándose así la crisis y el estancamiento

Entre los tarifazos de 2016 y 2017, las facturas de luz, agua y gas se han triplicado, cuadruplicado y quintuplicado en algunos casos. Esto para los hogares residenciales. Los comercios, las fábricas y los clubes de barrio sufrieron castigos mayores. Hay casos de familias que han tenido que pagar $5.000 sólo por la boleta de gas. Si se observa que el salario mínimo, vital y móvil actual está en $8.860, se evidencia la enorme desproporción. Al gas hay que sumarle luz, agua, los alimentos, los alquileres, etc. No hace falta ser matemático para darse cuenta que la relación entre el costo de vida y los ingresos no cierra por ningún lado. 


El supermercado es otro gran problema que afrontan los argentinos. La inflación más alta en quince años que hubo en 2016 se sintió en los bolsillos de los ciudadanos. Para el año en curso, el propio Banco Central admitió que la meta del 17 por ciento no será cumplida. Al aumento de los servicios, los peajes y el combustible, se le suma la disparada del dólar. Todo ese combo se traslada a precios. No es casualidad que el precio de la leche en Argentina sea el segundo más caro del mundo y, junto al pan, el más caro de la región. Las estadísticas muestran que bajó el consumo de leche y de carne, señal de que ya no alcanza ni para los bienes indispensables.

Al cóctel inflacionario por las medidas gubernamentales se suma el abuso empresario que cuenta con el visto bueno del Gobierno. La Secretaría de Comercio debería controlar a los supermercados. Difícil que ello ocurra cuando quien está a cargo de eso es un pariente del dueño de La Anónima, todos de la familia Peña Braun.
Al cóctel inflacionario por las medidas gubernamentales se suma el abuso empresario que cuenta con el visto bueno del Gobierno.
La medicina prepaga que en muchos casos es un gasto indispensable ha aumentado un 11 por ciento en 2017 y ya se autorizó otra suba del 5 para septiembre. 

Los medicamentos son otro factor que golpea el bolsillo de las personas, en particular de los adultos mayores. Con incrementos de hasta el 200 por ciento, los laboratorios han remarcado sin pudor los precios ante la pasividad del Gobierno. En un contexto donde el PAMI quitó la cobertura de numerosos remedios a muchos afiliados.


Algo impensado como comer y llenar las heladeras son cosas que cada vez le cuesta más a una buena parte de los argentinos. En Argentina los números no cierran y la gente se está quedando en el camino. Es muy claro que así no se puede seguir.